jueves, 15 de septiembre de 2016

La salud en la sociedad 3.0

No es de extrañar que tengamos cada ves más personas centenarias conviviendo con nosotros y en general, el perfil de enfermedades de este siglo XXI es muy diferente a lo que existía en el siglo anterior. La vida en ciudad y los nuevos hábitos alimenticios, el cedentarismo, la contaminación y sobre todo, la accidentabilidad producto de los obstáculos a la movilidad, son muchas veces los causantes de las principales muertes y accidentes que afectan a la población de nuestro tiempo. Por supuesto, la exclusión, desnutrición y pobreza en la que vive casi un tercio de nuestra niñez, provocan una mayor vulnerabilidad ante virus, bacterias y todo tipo de enfermedades ya resueltas por la medicina de nuestro tiempo para el resto de las personas. Es así como, el acceso a la salud integral –preventiva, diagnóstica y curativa- es un derecho humano vital para la calidad de vida de la sociedad del siglo XXI.

El excesivo centralismo y dominio de los gremios médicos en los modelos de atención de la salud ha provocado que los cambios que requiere el modelo de salud en la sociedad 3.0 se tarden y se den a cuentagotas, más producto de la oferta que de la demanda del sistema. Me refiero a los cambios en la atención médica y la gestión del sistema de salud, que claramente se han quedado en el siglo XX. Un ejemplo de ello es para Costa Rica, el proyecto de expediente médico digital, que lleva dos décadas de diseño y ejecución, con el gasto de muchos millones de dólares y sin resultados palpables. Este básico instrumento, cuál es tener al día y accesible el expediente de cada ciudadano en forma digital, ha ido y venido sin ton ni son más entre ingenieros industriales y administradores de tecnología, lamentablemente con mucho entusiasmo pero con poco sentido común.



Diseñar un sistema que inicie en el siglo XXI con los ciudadanos del milenio hubiese permitido que al día de hoy estaríamos al día, pero querer llenar de basura los sistemas con expedientes de personas que muy probablemente han muerto en los años que lleva el proyecto, fue un sinsentido. Claro, para tener un expediente ciudadano de uso médico digital e inteligente, se requiere tener médicos también dispuestos y formados en la cultura digital 3.0, lo que no parece difícil, cuando vemos que ya en sus propios consultorios privados lo hacen. Sin embargo,  cuando atienden en la CCSS su letra es ilegible, como si quisieran no permitirle al paciente leer lo que el básico sentido común dicta se le receta. Tampoco se le permite al paciente, evaluar al médico en su atención, cómo si se les exige hoy a los taxistas al estilo UBER o GAVITY. Si pensamos por un momento que el incentivo de la anualidad de los médicos, mayor al 5 por ciento por año por cierto, dependiera de que sus pacientes lo evaluaran al menos 4 estrellas en promedio, creo que más de uno se quedaría sin incentivo, no les parece.


Muy necesaria es la incorporación de tecnología en el sistema de salud, pero más necesario es un cambio de actitud y de gestión a favor de las personas, generando más transparencia sobre la labor realizada, los procedimientos médicos, la productividad del sistema y por supuesto, la ética con que se gestiona y administra nuestros distintos estamentos del sistema de salud.  El ciudadano 3.0 requiere una salud cada vez más acorde a sus tiempos, mayor acceso a las ventajas de vivir en un mundo de grandes avances científicos en casi todos los aspectos de la vida y la medicina. Ciertamente todos queremos vivir más y mejor, pero sobre todo, se requiere generar condiciones para tener equidad en el acceso, servicios de calidad y alta cobertura.

En un sistema centralizado, capturado por los gremios, con escasa transparencia y lleno de corrupción, es más difícil virar hacía una salud 3.0. Las reformas urgentes en la institucionalidad que requiere el país no es para mantener financieramente a un elefante blanco, algo que se puede sostener por una década, quizás dos. El verdadero reto es repensar el sistema de salud a la luz de los cambios que enfrentaremos en la economía y la sociedad del siglo XXI. No se trata de más hospitales o clínicas o de nuevas maquinarias carísimas en cada departamento únicamente, lleva consigo un cambio en la forma y el contenido de la dotación de los servicios de salud a la población.



Así las cosas, la salud en la sociedad 3.0 está íntimamente asociada con los estilos de vida de las personas, la planificación de los entornos urbanos, la movilidad, las nuevas modalidades de trabajo, la educación y por supuesto, el perfeccionamiento de nuestra democracia. Un papel central en dicha reforma es de quién demanda, es decir, del ciudadano y como tal, la reforma debe de repensarse con mayor cuidado, las modalidades de servicio deben de favorecer al usuario no al médico, la evaluación debe ser integral e inteligente y servirle a ambos, usuario y proveedor, la medición de la productividad es y debe ser un hecho palpable. Si así lo fuese, seguramente nos dejaría de preocupar tanto las finanzas y el gasto en salud y nos ocuparía la provisión adecuada y de calidad de los servicios.

Dr. Leiner Vargas Alfaro

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