No es de extrañar
que tengamos cada ves más personas centenarias conviviendo con nosotros y en
general, el perfil de enfermedades de este siglo XXI es muy diferente a lo que
existía en el siglo anterior. La vida en ciudad y los nuevos hábitos
alimenticios, el cedentarismo, la contaminación y sobre todo, la
accidentabilidad producto de los obstáculos a la movilidad, son muchas veces
los causantes de las principales muertes y accidentes que afectan a la población
de nuestro tiempo. Por supuesto, la exclusión, desnutrición y pobreza en la que
vive casi un tercio de nuestra niñez, provocan una mayor vulnerabilidad ante
virus, bacterias y todo tipo de enfermedades ya resueltas por la medicina de
nuestro tiempo para el resto de las personas. Es así como, el acceso a la salud
integral –preventiva, diagnóstica y curativa- es un derecho humano vital para
la calidad de vida de la sociedad del siglo XXI.
El excesivo
centralismo y dominio de los gremios médicos en los modelos de atención de la
salud ha provocado que los cambios que requiere el modelo de salud en la
sociedad 3.0 se tarden y se den a cuentagotas, más producto de la oferta que de
la demanda del sistema. Me refiero a los cambios en la atención médica y la
gestión del sistema de salud, que claramente se han quedado en el siglo XX. Un
ejemplo de ello es para Costa Rica, el proyecto de expediente médico digital,
que lleva dos décadas de diseño y ejecución, con el gasto de muchos millones de
dólares y sin resultados palpables. Este básico instrumento, cuál es tener al
día y accesible el expediente de cada ciudadano en forma digital, ha ido y
venido sin ton ni son más entre ingenieros industriales y administradores de
tecnología, lamentablemente con mucho entusiasmo pero con poco sentido común.
Diseñar un
sistema que inicie en el siglo XXI con los ciudadanos del milenio hubiese
permitido que al día de hoy estaríamos al día, pero querer llenar de basura los
sistemas con expedientes de personas que muy probablemente han muerto en los
años que lleva el proyecto, fue un sinsentido. Claro, para tener un expediente
ciudadano de uso médico digital e inteligente, se requiere tener médicos
también dispuestos y formados en la cultura digital 3.0, lo que no parece
difícil, cuando vemos que ya en sus propios consultorios privados lo hacen. Sin
embargo, cuando atienden en la CCSS su
letra es ilegible, como si quisieran no permitirle al paciente leer lo que el
básico sentido común dicta se le receta. Tampoco se le permite al paciente,
evaluar al médico en su atención, cómo si se les exige hoy a los taxistas al
estilo UBER o GAVITY. Si pensamos por un momento que el incentivo de la
anualidad de los médicos, mayor al 5 por ciento por año por cierto, dependiera
de que sus pacientes lo evaluaran al menos 4 estrellas en promedio, creo que
más de uno se quedaría sin incentivo, no les parece.
Muy necesaria es
la incorporación de tecnología en el sistema de salud, pero más necesario es un
cambio de actitud y de gestión a favor de las personas, generando más
transparencia sobre la labor realizada, los procedimientos médicos, la
productividad del sistema y por supuesto, la ética con que se gestiona y
administra nuestros distintos estamentos del sistema de salud. El ciudadano 3.0 requiere una salud cada vez
más acorde a sus tiempos, mayor acceso a las ventajas de vivir en un mundo de
grandes avances científicos en casi todos los aspectos de la vida y la
medicina. Ciertamente todos queremos vivir más y mejor, pero sobre todo, se
requiere generar condiciones para tener equidad en el acceso, servicios de
calidad y alta cobertura.
En un sistema
centralizado, capturado por los gremios, con escasa transparencia y lleno de
corrupción, es más difícil virar hacía una salud 3.0. Las reformas urgentes en
la institucionalidad que requiere el país no es para mantener financieramente a
un elefante blanco, algo que se puede sostener por una década, quizás dos. El
verdadero reto es repensar el sistema de salud a la luz de los cambios que
enfrentaremos en la economía y la sociedad del siglo XXI. No se trata de más
hospitales o clínicas o de nuevas maquinarias carísimas en cada departamento
únicamente, lleva consigo un cambio en la forma y el contenido de la dotación
de los servicios de salud a la población.
Así las cosas, la
salud en la sociedad 3.0 está íntimamente asociada con los estilos de vida de
las personas, la planificación de los entornos urbanos, la movilidad, las
nuevas modalidades de trabajo, la educación y por supuesto, el
perfeccionamiento de nuestra democracia. Un papel central en dicha reforma es
de quién demanda, es decir, del ciudadano y como tal, la reforma debe de
repensarse con mayor cuidado, las modalidades de servicio deben de favorecer al
usuario no al médico, la evaluación debe ser integral e inteligente y servirle
a ambos, usuario y proveedor, la medición de la productividad es y debe ser un
hecho palpable. Si así lo fuese, seguramente nos dejaría de preocupar tanto las
finanzas y el gasto en salud y nos ocuparía la provisión adecuada y de calidad de
los servicios.
Dr. Leiner Vargas
Alfaro



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